El domingo, una caravana masiva compuesta por aproximadamente 6,000 migrantes, inició su marcha desde Tapachula, Chiapas, rumbo al norte de México.
Este grupo, el más grande formado en el año, incluye a personas de diversas nacionalidades, principalmente de Centroamérica, Cuba y Venezuela.
La caravana, que se mueve bajo la consigna “Éxodo de la pobreza”, se formó justo antes de una reunión crucial entre el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos, incluyendo al Secretario de Estado Antony Blinken y al Secretario de Seguridad Nacional Alejandro Mayorkas.
Los integrantes de la caravana pasaron la noche en Huixtla, Chiapas, alojándose en una cancha deportiva. Este movimiento migratorio ocurre en un contexto donde el continente americano enfrenta un flujo migratorio sin precedentes.
Las políticas de Estados Unidos se han centrado en crear nuevos caminos legales de migración, mientras endurecen las sanciones contra la migración irregular. Este fenómeno migratorio ha captado la atención internacional, incluyendo la del Papa Francisco, quien en su mensaje navideño desde El Vaticano, instó a los políticos americanos a abordar efectivamente el problema migratorio.
La caravana se ha caracterizado por su constante avance a pesar de las difíciles condiciones. Los migrantes, muchos de los cuales viajan con familiares, incluidos niños pequeños, han expresado su determinación por buscar una vida mejor, a pesar de pasar una Navidad atípica y desafiante.
La lentitud en los procesos de regulación migratoria en Tapachula y la falta de oportunidades de trabajo han sido factores clave en la decisión de estas personas de unirse a la caravana.
Las autoridades mexicanas han optado por una estrategia de permitir el avance de la caravana, ofreciendo documentación temporal a los migrantes, que muchos utilizan para continuar su viaje hacia el norte.
Con información de AP






