Cada año se emiten a la atmósfera alrededor de mil millones de toneladas de polvo de las zonas áridas y semiáridas del norte de Africa. Dichas partículas son arrastradas por corrientes de viento hasta llegar a América.
A este fenómeno se le conoce como “polvos del desierto del Sahara”.
En verano, las corrientes de viento hacen que los polvos, de tamaño inferior a 100 micras, se desplacen sobre el Oceáno Atlántico y lleguen hasta la zona del mar Caribe y el Golfo de México.
Este año, según una proyección compartida por el meteorólogo Alberto Hernández Unzón, se prevé que ocurra el 26 de junio.
En 2019, estos polvos llegaron hasta Monterrey y Yucatán.
Cuando estos polvos logran alcanzar áreas pobladas de Europa y América, pueden provocar la aparición de alergias y crisis asmáticas en muchas personas, sobre todo aquellas que ya sufrían problemas respiratorios o de inmunodepresión. Muchas veces se refieren casos de ‘gripes’ persistentes o alergias sin causa aparente que pueden haber sido provocadas por el contacto con partículas de origen biológico presentes en estas brumas
Organización Panamericana de la Salud
Población vulnerable
Según datos de la Organización Meteorológica Mundial, en 2014, las partículas de polvo causaron unas 400 mil muertes prematuras por enfermedad cardiopulmonar en la población de más de 30 años de edad. Por ello recomienda:
Población afectada con enfermedades respiratorias crónicas (EPOC, asma), adultos mayores, mujeres embarazadas y niños deben usar protectores respiratorios, tales como mascarillas o un pañuelo de tela húmedo para cubrir nariz y boca, así como gafas.
Si se presenta sensación de cuerpos extraños en los ojos, deben lavarse con abundante agua con las manos limpias.
También cubrir las fuentes de almacenamiento de agua como pozos, estanques o tambos.
El fenómeno es parte del equilibrio ambiental
Sin embargo, los depósitos de polvo en la superficie también son una fuente de micronutrientes para el ecosistema continental y marino.
Así, aquellas partículas provenientes del Sahara podrían fertilizar el bosque lluvioso del Amazonas. Esto debido a que el hierro y el fósforo favorecen la producción de biomasa marina en zonas de los océanos donde escasean esos elementos.
Con información de EFE, Infobae





