Existe, puesto que se impulsó con toda la fuerza del Estado desde el presupuesto, una ideología totalitaria—aún vigente—que desde un falso academicismo y travestida incluso de humanismo, pretendió hacerse con las consciencias de quienes egresaban de los centros educativos en la década de los cincuentas.
Como producto de la Guerra Fría, esta ideología pretendía revestirse de pureza apelando una supuesta superioridad moral que se vendía como “liberal”; esto es, con una etiqueta endulcorada a partir de la cual se pretendía cambiar lo que siempre ha funcionado por lo que solamente suena bien, pese a su disfuncionalidad posterior y patente.
Lo anterior como era de esperarse tenía que tener su misma réplica a partir del México de la posguerra en el cual se impuso desde el dedazo presidencial a una serie de figuras ominosas que, de no ser por la fuerza del Estado, jamás hubieran resistido el escrutinio público, ya no digamos como ejemplares sino siquiera medianamente rescatables.
Desde entonces en el santoral cívico tenemos a los Juárez, a los Calles, a los Cárdenas, a los Villa, a los Zapata junto con toda una pléyade falsos héroes a los que se les atribuyen virtudes ajenas tanto como pensamientos que nunca les serían propios y sobre los cuales se justificaba la clase política gobernante en una mezcla entre plataforma de promoción personal y apología del crimen.
Por eso mismo no extrañe escuchar a una politóloga como Denisse Dresser defendiendo a las víctimas de Pedro Salmerón, en nombre de los derechos de las mujeres, mientras marcha en favor de asesinar a otras mujeres desde el vientre materno; sí extraña ver a un Germán Martínez en el pleno del Senado denunciando valientemente la militarización represora que pretende el presidente en colusión con el Crimen organizado, mientras apela como ejemplos opuestos de lo mismo que denuncia a personajes como Juárez y Cárdenas; aunque eso sí, lo que no sorprende es ver a un Enrique Krauze como intelectual orgánico evidenciando el populismo criminal del actual sexenio, copiándole la etiqueta del “Mesías mexicano” a la obra del Dr. Robert Grayson—especialista en narcotráfico y terrorismo latinoamericano—aunque tropicalizándola para su libro en 2009, después de años de decir que el presidente López “no era un peligro para México” mientras esta misma semana aplaude el retorno de otro delincuente como Lula Da Silva al poder en Brasil “porque es un auténtico liberal”.




