El deporte es uno de los grandes entretenimientos de la modernidad. Despierta emociones, incluso pasiones. Crea sentido de identidad y también crea comunidades.
El fútbol es el principal deporte en el mundo, pero no así en el país más poderoso que es Estados Unidos. Está precedido por el fútbol americano, el béisbol, incluso el hockey, también el básquetbol. Y en esto la FIFA, el máximo organismo de fútbol, decidió y resolvió organizar el Mundial en Estados Unidos, con la aspiración de ampliar su presencia en ese país, acompañado de manera complementaria por juegos en México y en Canadá.
La FIFA ha tenido que gestionar el deporte en el marco del interés comercial, una situación sumamente difícil por los intereses de por medio. La FIFA ha seguido corrupción precisamente en la asignación de los lugares y también de la publicidad televisiva; a México también le ha caído ese problema, incluso ha estado sujeto a las investigaciones de corrupción que hay en la FIFA.
La FIFA está dirigida por Giovanni Vicenso Infantino, un personaje que gestiona el deporte y también el interés comercial; un abogado políglota de origen suizo-italiano, muy hábil precisamente para hacer valer el negocio.
En el caso de México impuso condiciones, se las impuso a las autoridades y también a los organizadores. Las utilidades se las llevó la FIFA, el gasto lo tuvieron que poner fundamentalmente las autoridades. Esto hace contraste con lo que ha ocurrido en Estados Unidos, estadios semivacíos, estadios que desairan al fútbol, pero también una situación que es ominosa.
El señor Infantino le entrega el premio de la paz al presidente Trump justo cuando el Premio Nobel le hizo el desdén. Pero eso no termina allí. Lo peor de todo ha sido la ruptura con la legalidad. El presidente Trump decidió promover ante Infantino una modificación de la regla en materia de expulsión de jugadores. Infantino, como se esperaba, cedió ante Trump y esto es la ruptura de la legalidad interna.
Finalmente, Infantino, la FIFA y Donald Trump dejan una triste lección al mundo: que por encima del deporte, por encima de la pasión que concita el espectáculo, está el interés comercial y sobre todo declinar la legalidad cuando el interés del poderoso está de por medio.





