
El tradicional mostrador de la “tiendita de la esquina” está dejando de ser solo un punto de venta de productos básicos para transformarse en un centro neurálgico de servicios financieros. En 2025, estos negocios de proximidad no solo resisten, sino que se consolidan como la vía más rápida para que millones de mexicanos accedan a la economía digital.
De acuerdo con el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE), el comercio al por menor de abarrotes y alimentos alcanzó un millón 100 mil 824 unidades económicas este año. El Estado de México, la Ciudad de México y Puebla encabezan la lista con la mayor presencia de estos establecimientos, fundamentales para la vida cotidiana.
El fin del “solo efectivo”: Digitalización al alcance
La evolución de estos negocios responde a una necesidad clara: el 76.5 por ciento de los adultos en México ya cuenta con al menos un producto financiero formal, según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024. Para atender a este público, las tienditas han integrado funciones que antes eran exclusivas de los bancos:
- Pago de servicios (luz, agua, telefonía).
- Recargas de tiempo aire.
- Aceptación de pagos con tarjeta y códigos QR.
“La tiendita tiene un valor que va más allá de la venta de productos. Cada mostrador puede convertirse en un punto de acceso a soluciones financieras para la comunidad”, señaló Luis Ángel Almonte Durán, director general de Prontipagos.
Beneficios para el tendero y el cliente
La adopción de herramientas digitales no solo facilita la vida del vecino, sino que representa un salvavidas para el pequeño comerciante. La integración de estos servicios permite:
- Diversificación de ingresos: El cobro de comisiones por servicios complementa la venta de mercancía.
- Acceso a crédito: Al digitalizar sus ventas, los negocios generan un historial que les permite acceder a financiamiento para inventario.
- Seguridad: Reducir la dependencia del efectivo disminuye los riesgos de robo en el establecimiento.
Este despliegue territorial permite que, incluso en zonas donde no hay sucursales bancarias, una familia pueda realizar sus operaciones financieras con la confianza de su comerciante local, cerrando la brecha de desigualdad financiera en el país.




