Este viernes entra en vigor la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, tras su publicación en la edición vespertina del Diario Oficial de la Federación (DOF). Este nuevo marco normativo tiene como eje central regular y potenciar la ejecución de proyectos de infraestructura pública mediante la colaboración de los sectores público, privado y social.
El decreto, emitido por la Presidencia de la República, también contempla reformas a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, buscando que la inversión en áreas críticas se realice bajo principios de eficiencia y transparencia, sin comprometer de manera automática las finanzas públicas.
Sectores clave: Agua, energía y transporte en la mira
La nueva legislación establece un catálogo de sectores prioritarios que podrán recibir apoyos o beneficios para su desarrollo. El enfoque principal se centra en proyectos que generen un impacto directo en la calidad de vida de la población, tales como:
- Infraestructura hídrica: Gestión de agua y medio ambiente.
- Soberanía energética: Proyectos relacionados con electricidad e hidrocarburos.
- Movilidad: Comunicaciones y transportes.
- Salud y Educación: Construcción y mejora de clínicas, hospitales y planteles.
- Competitividad: Parques industriales y tecnologías de la información.
El documento especifica que estas acciones deberán estar alineadas con el Plan Nacional de Desarrollo, garantizando que la infraestructura no sea solo técnica, sino con una visión de sostenibilidad y beneficio social.
Transparencia financiera y gasto público
Uno de los puntos más relevantes del decreto es la salvaguarda de la Hacienda Pública. La ley aclara que la inclusión de un proyecto en este esquema no implica por sí misma la autorización para ejercer gasto público ni la asunción de obligaciones financieras por parte del Gobierno Federal.
Cualquier compromiso de recursos presupuestarios deberá realizarse estrictamente conforme a las disposiciones jurídicas vigentes, asegurando que el fomento a la inversión privada y social no se traduzca en deuda pública descontrolada o contingencias financieras no planificadas.






