Irán arde. Las protestas masivas que comenzaron el 28 de diciembre de 2025 han escalado a un nivel no visto en los 47 años de historia de la República Islámica. Según testimonios e investigaciones independientes, las movilizaciones se han extendido desde la capital hasta regiones pobres y localidades poco conocidas, dejando ya más de 600 personas muertas.
El detonante fue una crisis económica severa, marcada por la devaluación del rial frente al dólar. Pero pronto, los reclamos tomaron un giro político y social que recuerda a los levantamientos de 2022, tras la muerte de Mahsa Amini. Esta vez, los manifestantes gritan sin miedo: “¡Muerte al dictador!”, exigiendo la renuncia del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
Una protesta sin fronteras internas
El sociólogo Eli Khorsandfar explica que lo inédito de esta ola de protestas es su alcance geográfico: “No sólo son las grandes urbes; hay manifestaciones incluso en pueblos cuyo nombre ni siquiera aparece en los mapas”. A diferencia de las revueltas de 2009, 2017 y 2019, estas no responden a una sola clase social: el enojo es colectivo.
El regreso simbólico del sha
Un nuevo factor ha sacudido el tablero político: el nombre de Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán. Aunque vive en el exilio en Estados Unidos, sus llamados a la movilización han cobrado fuerza en redes sociales, especialmente entre jóvenes.
Los cánticos a favor de la dinastía Pahlavi se han intensificado. Analistas opinan que más allá de un deseo monárquico, esta figura representa la desesperación por una alternativa al régimen clerical actual.
¿Apoyo internacional o excusa para reprimir?
Desde Washington, el expresidente Donald Trump ha amenazado con “golpear donde más le duele” al régimen iraní si reprime a su pueblo. Esto marca una diferencia con levantamientos pasados, como el de 2009, cuando Barack Obama fue criticado por su tibieza.
En contraste, Irán ha perdido aliados clave en Medio Oriente y enfrenta una crisis de legitimidad tras los recientes ataques de Israel y Estados Unidos. Ni Siria ni Hezbolá están en condiciones de ofrecer apoyo.
Mujeres sin miedo y una Guardia debilitada
Khorsandfar asegura que el legado de Mahsa Amini sigue vivo. “Muchas mujeres me han dicho que lo más importante que les dejó 2022 fue perder el miedo. Y eso, una vez que se pierde, no se recupera”.
Por otro lado, la Guardia Revolucionaria, alguna vez símbolo de poder, ha visto su prestigio tambalear tras su desempeño en la guerra reciente contra Israel. La población ya no los ve como invencibles.
Con información de El Nacional y Agencias






