En medio de huertos de manzanas y campos de maíz, un modesto Nissan blanco recorre día tras día los caminos polvorientos del norte del país. A bordo va la enfermera Sandra Aguirre, con una misión urgente: vacunar casa por casa para frenar el mayor brote de sarampión en México desde 1998. Su principal obstáculo no es el virus, sino la desconfianza.
La campaña sanitaria se concentra en la comunidad menonita de Cuauhtémoc, en Chihuahua, donde la desinformación y el escepticismo frente a las vacunas han permitido que el virus se propague a niveles preocupantes, alcanzando 922 casos confirmados y una muerte. Autoridades advierten que las cifras reales podrían ser mucho mayores.
Desinformación y aislamiento: el cóctel perfecto para el brote
Los menonitas, conocidos por su estilo de vida reservado y autosuficiente, han sido especialmente difíciles de alcanzar para los equipos de salud. Muchos de ellos rechazan visitas, se informan a través de redes sociales con contenidos antivacunas o replican discursos escuchados en viajes a Estados Unidos. Este aislamiento ha convertido a la comunidad en un foco de infección que ya se ha extendido a otras poblaciones vulnerables, incluyendo comunidades indígenas como la rarámuri.
“Hay que mostrarles la cara, ir todos los días. La confianza se gana con presencia y respeto”, explica Aguirre, quien ha aprendido a moverse con cautela entre ranchos y granjas vacías.
Un brote que traspasa fronteras
El caso cero en México fue un niño menonita de 8 años no vacunado que contrajo el virus en Seminole, Texas, epicentro del brote estadounidense. A partir de ahí, el sarampión se esparció rápidamente por escuelas, iglesias y fábricas. En Chihuahua, el flujo constante de personas y mercancías por su condición de estado fronterizo incrementa el riesgo de propagación internacional.
“El gran movimiento de gente complica muchísimo las cosas”, advierte Alexis Hernández, funcionario de salud de Cuauhtémoc.
¿Por qué reaparece el sarampión?
México erradicó oficialmente el sarampión en 1998, pero la tasa de vacunación cayó al 76% en 2023, muy por debajo del 95% recomendado por la OMS para evitar brotes. Este descenso se atribuye a múltiples factores, incluyendo el impacto de la pandemia de COVID-19 en la cobertura de vacunación infantil, así como la difusión de teorías conspirativas.
Testimonios desde la trinchera
Gloria Elizabeth Vega, madre soltera rarámuri y trabajadora en una fábrica de queso, enfermó en marzo pese a estar vacunada. Aunque su caso fue leve, sufrió una reducción del 40% en su salario por tomarse los días necesarios de reposo. “Pensé que estaba protegida, pero aun así me contagié”, cuenta. Ahora, insta a la comunidad a vacunarse “no solo por uno mismo, sino por los demás”.
Las autoridades reconocen que hasta un 10% de los casos registrados han sido en personas vacunadas, aunque con síntomas mucho más leves.






